Breve Historia en Colombia

Acogiendo los signos de los tiempos y la llamada del concilio Vaticano II a la renovación de la vida religiosa, nuestra Orden inicia en los años setenta un camino de renovación, para poder responder a los nuevos y constantes desafíos y exigencias de la humanidad.

Cuando comienza la presencia e implantación de la Orden en Colombia (1977), se llega allí no sólo con el “espíritu renovado” a la luz del Vaticano II; también se asumen los retos eclesiales y sociales presentes en el documento de Medellín, referidos a la realidad latinoamericana. Desde su llegada a Colombia, los frailes de la Provincia española tienen ya ciertas ideas claras respecto a la presencia de la Orden en dichas tierras: La implantación de la Orden en tierras colombianas es objetivo principal. El fomento a las vocaciones nativas es lo que garantizará la presencia y la continuidad de la Orden Los Hermanos y su actividad pastoral han de situarse en lugares sencillos pobres y marginales. Estos objetivos se respetaron y se llevaron adelante, implantando en Colombia un estilo renovado de vida religiosa y, al mismo tiempo, fiel a la tradición de nuestra Orden. Así lo demuestran las presencias y los campos de acción elegidos por los Hermanos a lo largo de estos 36 años.

Preferencia por los pobres

Desde los mismos inicios de la presencia de la Orden en Colombia, los religiosos tenían muy clara su opción preferencial y solidaria por los pobres. Asumiendo una parroquia marginal en la ciudad de Medellín (Villatina), comenzaron a acompañar y a animar a una comunidad agobiada por el peso de la pobreza y las dificultades, una comunidad sedienta de pastores que le anunciasen la Palabra de Dios y, sobre todo, que la acompañasen en su duro camino cotidiano. Vivir con los pobres y en medio de los pobres, compartiendo de cerca sus necesidades, buscando en la medida de lo posible la solución a las más urgentes y básicas (salud, vivienda, etc.), ha sido un compromiso continuo de nuestra presencia en Colombia, en las distintas parroquias: San Francisco de Asís (Medellín), Santa Clara de Asís (corozal-Sucre), San Luis de Tolosa (Santa Fe de Bogotá), y la Inmaculada Concepción (Filandia-Quindío). Renunciar a ese compromiso supondría traicionar nuestra vocación franciscana, y también, la confianza y el aliento que encuentran en nuestra fraternidades religiosas todas aquellas personas con las que compartimos y vivimos la fe y la caridad. Dar testimonio de Jesús, pobre y humilde, en medio de la gente no deja de ser un reto, que debe llevar al Hermano Menor Conventual a vivir con intensidad de ánimo y generosidad su vida consagrada.

Testimonio de vida

Francisco de Asís quería que sus Hermanos fuesen testigos del Evangelio de Jesucristo con su propia vida, más que con sus palabras. Compartir día a día las dificultades de los más necesitados, con una cercanía fraterna y servicial, ha hecho que la presencia de los Hermanos Menores Conventuales en Colombia no sea simplemente formal y jurídica, sino un testimonio auténtico de la alegría, la paz y el bien del Evangelio, vivido con generosidad junto a los que estamos llamados a acompañar en la fe, la esperanza y la caridad. Los Hermanos nunca han escatimado fuerzas y ánimos para ser “menores entre los menores” y compartir así las angustias y las esperanzas de nuestro pueblo.

La formación

Con vistas a la implantación de la Orden en Colombia, la formación ha sido siempre una de las grandes preocupaciones. Partiendo de unos comienzos difíciles (inexperiencia, escasez de formadores, falta de instalaciones adecuadas, etc.), el trabajo formativo se iría consolidando paulatinamente, para empezar a construir así los fundamentos sólidos de la presencia franciscana Conventual en Colombia. Dios nos sigue dando Hermanos, como se los dio a Francisco. Esos nuevos candidatos que llaman a nuestras puertas, además de ser don de Dios, constituyen también un reto y una llamada a renovarnos en el Espíritu.

El acompañamiento espiritual (capellanías)

El tesoro del carisma franciscano no es una propiedad exclusiva nuestra; es una opción de vida que se expresa, según el ejemplo de Francisco, en la entrega y el servicio al Señor y a los demás. En la no fácil tarea de acompañar en la fe y la fidelidad al carisma recibido, los Hermanos prestan su humilde servicio a distintas familia religiosas, sobre todo franciscanas, las cuales, junto a nosotros y con nosotros, quieren permanecer firmes en la opción realizada, para vivir más y mejor la espiritualidad franciscana, como auténtico regalo de Dios a los hijos e hijas “del pobre de Asís”, y a través de ellos, a todos los hombres y mujeres.

Misiones populares

El deseo de compartir la fe ha llevado a los religiosos de Colombia a no ser egoístas con los dones que el Señor, en su infinito amor, les ha regalado. Por eso, desde sus inicios, se ha tenido clara conciencia de que la fe es para compartirla, sobre todo con quienes, por diversas circunstancias, no pueden gozar del acompañamiento o guía espiritual de un sacerdote. Desde el comienzo de la formación, el joven se habitúa ya a esa presencia testimonial y misionera en los períodos más significativos del año (semana Santa, Navidad, vacaciones, etc.), a través de las denominadas “misiones populares”, que pueden ser de carácter urbano o rural. Ante todo, se intenta compartir con la gente humilde y sencilla la Buena Noticia de la Salvación, con un solo propósito: crecer como Hermanos e hijos de Dios.

Compromiso con la justicia, la paz y la salvaguarda de la creación

Los religiosos Franciscanos en Colombia, siguiendo el ejemplo de San Francisco, conocido y venerado por tanta gente en el mundo como símbolo de paz, de reconciliación, y de fraternidad, queremos ser en el mundo verdaderos constructores y anunciadores de paz y queremos caminar al lado de los excluidos y los más desfavorecidos de nuestras sociedades. Convencido de nuestro compromiso como consagrados, con la iglesia, la sociedad y la creación entera, hemos de esmerarnos en custodiar y cuidar a este mundo nuestro, obra y donde Dios para la gran familia humana. Nuestra “casa” común, obra y don de Dios para la gran familia humana; nuestra “casa” común, la tierra, merece toda nuestra atención y cuidado, sabiendo que hoy más que nunca debemos preservarla del mal uso, para no destruirla, pues es nuestro hogar, el único que tenemos. El franciscano ama todo lo creado porque ve en ello un reflejo y una huella del Dios creador y Padre de todas las cosas.



Hoy podemos volver la vista atrás y contemplar con satisfacción esos 36 años de presencia franciscana Conventual en Colombia: han sido años de ilusión, trabajo, sacrificios, alegrías y dificultades. Lo que empezó a gestarse en el año 1973 en la curia General una posibilidad, es ahora una gran realidad que está dando abundantes frutos, que sigue creciendo en miembros y presencias por la amplia geografía colombiana, con presencia en cuatro Departamentos y seis fraternidades canónicamente constituidas.

Somos conscientes que podremos mirar al futuro con confianza, sólo si somos y permanecemos fieles a la vocación que hemos recibido; si vivimos nuestra consagración religiosa, con auténtico espíritu del desapropiación, fidelidad, servicio y entrega generosa, conformando nuestra vida al Evangelio; si sabemos encarnar los genuinos valores Franciscanos de la oración, la fraternidad, la minoridad y la Conventualidad; si somos solidarios con los más pobres y necesitados de nuestra sociedad; en definitiva, si nos entregamos sin reservas a la causa del Reino de Dios.

Hoy, que con gran alegría, en este tiempo de gracia y del Espíritu, cuando nos preparamos (celebramos) nuestro sexto capítulo custodial, sentimos hacemos de dicho tiempo una ocasión propicia para renovar nuestro agradecimiento incondicional a Dios Padre, por las maravillas que ha obrado en nosotros y para renovar asimismo nuestro compromiso de ser siempre presencia eficaz y significativa en la Iglesia y en el mundo, concretamente en nuestra realidad colombiana, marcada a menudo por el conflicto y la violencia, para ser ahí testigos de la paz y el bien del Evangelio y forjar así un futuro mejor para todos…

Fray Antonio José Quiceno Cossio. OFM Conv